Archivo para Julio 2008
Punto y aparte
Cuando la esperanza muere quiere decir que tu has muerto.
En mi infame infancia solía pensar de una manera un tanto parecida a la actual si de cinismo hablamos, con la pequeña diferencia que para ese entonces era simple ingenuidad. Tal vez, queridos lectores, no haya puesto muy en claro qué tan ingenuo e inocente era de niño, sin embargo me esforzaré intrépidamente a travez de este capítulo retrospectivo de mi vida:
Capitulo III – Mírame a los ojos
A mis memorables 8 años de edad tenía un pseudo-apodo despectivo y burlesco puesto por mi primo y mi hermana (a quienes les haré mención honorífica por aquella certeza lírico-irónica de la que por cierto yo carecía a tan temprana edad): Sr. Discresión, esto debido a mi asombrosa incapacidad de comprendimiento y adaptación ante las más absurdas trivialidades.
Un dia como cualquiera yo acompañé a mi entonces joven [coff coff...] tía en su incansable travesía hacia los más recónditos confines del espacio-tiempo, debido a que ella necesitaba uno anteojos nuevos. El irrelevante viaje lleno de obstáculos de no más de 30 cm de alto, o si acaso de narutaleza tricolorícamente luminosa, nos llevó a la transitada avenida cupules justamente a dos cuadras del lujoso y fantabulosamente caro hotel Fiesta Americana. Estando ahí nos bajamos del auto y tras cruzar la calle nos encontramos ante esta famosa óptica llamada como la tan conocida arma medieval de los caballeros en el sentido épico de la palabra y sin más que una pluralización estética [Dígase el apellido del fundador, lo cuál no descarta mi cuasi-intransigente analogía boba], mi tia me miró dirécta y penetrántemente a los ojos para luego decirme “mis lentes se perdieron” enfatizando esto último y recalcando efusivamente “están perdidos”. Luego de esto rompió estática para entrar a aquel local medieval lleno de mágia y duendes, no lo sé, tal vez dragones. Al adentrarnos en los cristalinos dominios de la mujer con cara de crater de la cuál podríamos haber extraido la biblia escrita en codigo braile solo con las protuberancias de su mejilla derecha, mi tia prosedió a observar con cautela los intimidantes anaqueles poco más altos que ella y repletos del futuro de aquellos desgraciados a quienes se les quitará el don de la vista aguda, todo esto en una esmerada lucha para ser atendida por la susodicha mujer-crater. Luego de unos ínfimamente largos segundos de imperdonable aburrimiento para mi desconsolada paciencia, esta co-simpática mujer se acercó a mi radiante y joven tia preguntándole qué deseaba. La respuesta fue simple y efectiva: Vengo a cobrar el seguro de mis lentes, es que se me extraviaron. Sin embargo esta última palabra resonó en los más profundos rincones de mi conciencia y sentido de la moral dejándome atónito y cauteloso… “Quizá puedo ser de ayuda” pensé astutamente procediendo a dejar escapar unas sentenciantes palabras no menos éticas que la constitución misma: “No tia… no se te perdieron, están en la mesa, se te rompieron ¿recuerdas? hoy me los mostraste” no tuve ni qué terminar de hablar para darme cuenta de la expresión cambiada y envejecedora que adoptó mi tia ante tal cruda realidad, sin más elección que mirarme de nuevo a los ojos de manera más penetrante y con el entrecejo fruncido solamente para decirme a regañadientes “Se me PERDIERON”. Es curioso pensar que pese a todas las características casi dignas de una parodia a la estupidez humana con las que cuenta esta escena mi respuesta fue la siguiente: No, no… es que los acabo de ver, si quieres te los muestro cuando lleguemos. Pasado esto sentí una cortante mirada de soslayo, llena de rencor y artimañas negativas, mas no fue hasta detectar ese tic nervioso en el ojo de mi tia que gritaba en silencio “sígueme la corriente” que caí en el hecho de mi responsabilidad como cómplice:“¡Aaaaaaaaaaaaah! ya ya ya…” Enuncié calmadamente para luego guiñar el ojo de manera sobre-expresiva incluso moviendo hacia adelante medio cuerpo y entonces proseguir !Se te perdieron aaaaaaaaaaaah siiii tienes razón”. Y rematando con otro guiño por si no habían notado mi astucia.
Por supuesto, tan carismática anécdota no podría ser desechada con la misma facilidad con que nació, por lo que mi tia optó por contarla de manera cómica a la familia, incluidos mi hermana y mi primo. A veces me sorprendo del hecho que me haya enojado dicho apodo, por el mismo hecho que lo entendí y eso ya es mucho decir para aquel nivel de conciencia que traía, sin embargo me hizo pensar en muchas cosas, como lo graciosa que se veía mi tia cuando se desesperaba o quizá lo impresionante que puede ser un cutis descuidado, pero en esta infancia de despistéz e ingenuidad, hacerme entender la moraleja no dependía de un tic nervioso en el ojo ni menos de un apodo mordáz y justo. Además nunca me mortifiqué por mi despistez puesto que creía hacer lo correcto y tenía la esperanza que algún día mi tia llegara y me pidiera perdón por su falta de moral, al fin y al cabo la esperanza es lo último en perderse y yo creo que cuando eso pasó, algo murió en mi.
Fin
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No podemos ignorar el hecho que la pluma sigue escribiendo, y estando en movimiento no podemos evitar el interminable climax de preocupaciones, separadas por comas y puntos en este libro de la vida. A pesar de todo, al salir nuevas preocupaciones, nacen nuevas esperanzas encerradas en paréntesis prometedores. Ahora mismo intento describir entre lineas con irónica admiración una melancolía sarcástica, en plan de desahogo y con todo el descaro de una comedia, puesto que me siento bien, muy bien, tengo una nueva esperanza y este parece ser el siguiente punto y aparte en la novela de mi vida.
Zenkiu Lau.
De reflejos y reflexiones
De aquellas tardes fétidas y ordinarias bañadas de placeres autosatisfactorios, tardes esquilmadoras de motivación, aplastantes cuales meteoritos incandecentes fueran, nace una melancolía simpática e imprudente a la que nos aferramos con sumisión y agonía, esa melancolía que nos obliga a portar un rostro deformado que no da lugar a sonrisas.
La melancolía es un sentimiento muerto, una imágen borrada que tal vez nunca fue dibujada, una idea jamás escrita, una melancolía es una pasión muerta y desterrada de la ciudad de los deseos. La tristeza que acarrea un sentimiento tan embelesante alguna vez reflejado en nuestra mente, es irremediablemente radical. Ahora bien, hay de melancolía a nostalgia, puesto que la nostalgia es meramente eso, un tipo de melancolía.
La nostalgia es un sentimiento gris e inmaduro que a todos nos cautiva el alma al punto de las lágrimas y con fuerza capas de abrir heridas antes curadas. Al igual que cualquier clase de melancolía, la nostalgia se alimenta de tristeza y negatividad, es una sensación de vacío e insatisfacción autoproclamada por el alma. La nostalgia es simplemente un reflejo, es el rastro que dejó aquella derrapada de llanta sobre la carretera, son esos dientes de leche que guarda tu mamá en algún armario, la nostalgia es una conexión antipática con el pasado, un intento de autosuperación fallido. A pesar de todo lo dicho, todos la vivimos incluso todos los días por una simple razón: somos adictos a la nostalgia.
La nostalgia es la droga del milenio, es una mano siniestra que mece la cuna de nuestra felicidad manteniendola dormida, nos masturba la razón y engaña al subconciente haciendole creer que lo que un día fue es mejor que lo que es ahora o quizás de lo que un día será. A pesar de saber el problema, la solución es utópica, dado que la nostalgía se justifica astutamente, se esclarifica ante nuestro impotente corazón, nos atrapa en su juicio ciego y aplaca con crueldad nuestra despreocupación. Sin embargo la nostalgia tiene un enemigo nato: la reflexión.
Cuando reflexionamos desencadenamos una lucha apasionada entre sentimientos y razones puesto que la nostalgia se aferra al corazón mientras la reflexión es nuestra razón multiplicada de manera exponencial. Al reflexionar ponemos a andar los motores de reserva de nuestro cerebro, es una retroalimentación divulgativa sobre sucesos y hechos pasados, es objetividad y carisma intelectual, una lluvia de ideas sobre los charcos estacionados de nuestros resentidos, tercos y persistentes recuerdos nostalgicos y melancolías. Es irónico pensar que al final de cuentas una reflexión nos lleva a nada más y nada menos que el propio fin de si misma, desemboca en el mismo rio donde todo comienza: el olvido.
El don del olvido, o simplemente olvidar, es lo único que nos libra de una melancolía, lo único que se sobrepone triunfante y esclareciente sobre aquel sentimiento desmotivante y sínico, alimentado sus fetichistas antojos y dejandonos listos para seguir adelante ante un mundo que todo lo olvida.
Sueños marchitos
¿Qué es un sueño marchito?
Se dice que los sueños son un tema méramente onírico justo como su propio nombre lo dice. Ahora bien, existen muchas maneras de soñar y una de ellas, queridos lectores, es soñar despierto. Al soñar despiertos nos dejamos llevar por impulsos astrales y maravillosos al punto de perder conciencia y flotar liviano en aquel insensato mundo donde tienes lo que deseas y la gravedad no existe. Sin embargo, no importa que manera de soñar sea, al fin y al cabo no es nada más que un deseo, una añoranza, es algo que no tenemos cuya omnipresencia nos invade y nos ataca desde adentro, comenzando por el corazón, bajando por las visceras, estrujando los intestinos y subiendo sin aviso al rincón más inóspito de tu cerebro, aquel lugar que guarda tus más oscuros secretos… no pretendo dar una clase de neurología, pero en terminos más específicos, tu lóbulo temporal medio, por supuesto, esto último solamente para demostrar que sé usar google.
Si bien los sueños pueden resultar una tortura ante aspiraciones rotas o subjetivamente inalcanzables, es innegable que la posibilidad de que un sueño se realice es lo que da sentido a la vida. Por eso mismo mucha gente considera prudente vivir con cautela y sigilio, pensando que escojer bien qué sueño realizar es la clave del éxito. Por otro lado hay personas que hacen exactamente lo contrario, es decir, apuestan por cualquier fantasía que se cruce por su mente, actuando de manera impulsiva y casi olvidando la razón y consecuencia, gente que vive cada día como si fuera el último; he de discernir dicha ideología de quienes aparentan tener un complejo apocalíptico y fatalista. Si yo viviera de tal manera, sería lo mismo que despertar cada mañana lamentando que el mundo no se haya acabado ¿irónico no? sin embargo podría apostar que la mayoría de la gente que piensa así, despierta cada mañana sin mayor preocupación que la que le brinda una sola pregunta: ¿qué haré hoy?.
Ya habiendo hablado un poco sobre el ser humano como incurable soñador, ahora veamos qué es lo que puede pasar con un sueño, lo dividiré en 4 categorías de acuerdo a mi criterio:
1. Sueños Nuevos: Son aquellos sueños recien nacidos, aquellos frescos y prometedores, por los que nos emocionamos y velamos con pasión. Todos los sueños comienzan aquí, puesto que un sueño nuevo se puede definir como una promesa caprichosa la cual podemos elegir con libertad si tomarla o renunciar a ella.
2. Sueños Rotos: Creo que el nombre es bastante explícito, son esos sueños que uno tiene todos los días, en los que eres una persona feliz y tu vida es perfecta. También esos donde tienes superpoderes, o bien, simplemente vuelas. Se definen como rotos por lo mismo: en el mundo de los sueños no existe cola-loca.
3. Sueños Rosa: Este es un sueño nuevo el cual fue elegido de entre muchos o tal vez no, para el cual uno dio tanto como pensó necesario y al final, salió triunfante. Estos sueños suelen ser demasiado conformistas (vease el artículo “La pluma rota” en este mismo blog), sin embargo existen una infinidad de escepciones algo limitadas para cada individuo en las que hablamos de sueños realmente ambisioso y legendarios, desgraciadamente existe una gran tendencia que estos terminen siendo parte del siguiente tipo de sueños.
4. Sueños Marchitos: Un sueño marchito se divide en 2 etapas principalmente:
I) Es el momento en que es un sueño que pareces haber alcanzado o quizas estás seguro que lograrás realizar, te parece factible, te parece cuestión de tiempo, lo ves como algo inevitable quizas, o simplemente no puedes imaginar tu vida sin haberlo hecho realidad. A pesar de todo, por algo está dividido en 2 etapas.
II) La susodicha meta se ve estropeada, pisoteada, marchita cual hermosa flor al llegar el otoño haciendo inevitable renunciar a ella y dejar que el viento lleve sus opacos petalos caidos sin compasión, como si el valor que alguna vez tuvo y la belleza que un día lució o tal vez una noche cubierta por la tenue luz de luna hubiese sido mera fantasía tan irreal como en un sueño roto.
Lo sueños marchitos son sueños que nos atrapan en sus engañosas redes, nos hacen ver lo maravillosa que es la vida, nos hacen reir, nos hacen llorar para luego sonreír radiantemente ante aquella paranoia absurda, nos hacen sentirnos vivos, nos hacen amar… sin embargo, al final solo queda aceptar la derrota y mirar cómo los pétalos caidos se alejan a zancadas danzando con el viento otoñal y aquel paisaje gris opacado por aquellas insensibles lágrimas.
La sangre de elvis es…
Al ver esta imágen comprobé que si existe un Dios, el cual me dotó de un cerebro mayor al de un colibrí, veo que no todos tenemos esa dicha, siendo que lo ocurrido tiene evidencia testimonial para ser descartado como sarcasmo.
Muchas veces me resulta inexplicable cómo gente tan inteligente llega a tocar fondo con el perfecto opuesto a su filosofía: la estupidez. Desde tiempos inmemorables hemos visto claros ejemplos de esta falta de cognición que cada día se vuelve más común, o tal vez son los medios que han facilitado cada vez más su difusión.
Sin embargo, qué mejor ejemplo de esto que los mismísimos Premios Darwin. Tal vez a algunos les suene conocido puesto que es una noticia ya vieja en internet, sin embargo decidí dedicarles un post para todos aquellos peques [si, pretendo ofender con este adjetivo] que quizás no los hayan leido o bien, escuchado.
Aquí les dejo el link a una recopilación de estos premios en español: Marmota
Y por supuesto la página oficial en inglés: Tapir
Estube a punto de publicar una entrada con los secretos de la formación del universo, el paradero de Elvis Presley (hasta ahora solo a Lau se lo he dicho), la razón de mi rencor a Mahatma Ghandi entre otras cosas igual de aburridas, sin embargo se fue la luz y tuve que conformarme con esto. En otras palabras: Lo siento, perdí la inspiración repentinamente…
La pluma rota
¿Alguna vez se han preguntado si el universo es en verdad infinito? Perspicaz pregunta sin duda alguna, más dentro de una educación en la que te convencen para que pienses que todo tiene un principio y un fin, una eduación prepotente e incauta a la que no le importa si su propia existencia te parece absurda e incluso irrelevante, después de todo la tuya tampoco le importa a ella puesto que sabe que al final terminarás rindiendote a sus pies, resignándote ante su totalidad, aceptándola de manera dogmática e irrefutable, y al final, sostener la pluma abismal y firmar tu entrada al famosamente infame sistema.
Sin embargo, pertenecer al sistema no te hace parte de este. Aún dentro del sistema existen individuos inconformes, contestatarios e incluso rebeldes, personas cuya vida gira entorno a la crítica y el despabilamiento de las masas, frecuentemente autonombrados profetas que al fin y al cabo terminan resignándose ante su magno némesis existencial con la satisfacción irrefutable de haber hecho temblar las mentes de un par de individuos. ¿podríamos definir esto como conformismo?
En cierta manera todo ser humano es conformista, simplemente porque la conformidad es absoluta, nadie está excento de ella, cualquier acción, cualquier movimiento, cualquier decisión e incluso cualquier idea puede ser considerada conformismo desde un subjetivo y no menos objetivo punto de vista ajeno: un suicidio es conformismo, puesto que quitarse la vida indica que estás conforme con la muerte; si el mundo tuviera un dueño irrevocable, este sería otro conformista más, puesto que el mundo es solo un grano de arena en nuestro infinito universo. Sin embargo, si algo en este mundo puede definirse como infinito, esto sería la conformidad, no tiene fin y sus argumentos son versátiles y por tanto polémicos y atrapantes, porque después de todos somos su presas favoritas, puesto que la conformidad se alimenta de la razón, de frustración, adora matar sueños, sentirse dueña de nosotros, y sepan, amigos mios, que su más portable y modesta arma es nada más y nada menos que el sistema.
A pesar de todo, no hay individuo en este mundo que en algún momento de su panorámica existencia no se llegue a sentir inconforme con esta, ocasionandole un vacío emocional que lo llevará a una pseudo-rebeldía y nacerá el él lo que defino como conciencia existencial. Para bien o para mal, esto se convierte en una simple etapa cuyo final es marcado por una sola cosa: conformidad, una falsa armonía con el mundo y la sociedad que lo integra, una abnegación a sus verdaderos ideales; gracioso ¿no creen? suficientemente gracioso como para hacer reir a carcajadas desvalidas y efusivas, y así alimentar el ego de nuestra tirana amiga, una declaración de derrota que abre paso a su omnipresente complejo de dominación, sometíendote al antojo y razgando cada centímetro de tus sinceras aspiraciones.
Un amigo me dijo hace un par de días que si quiero ser escritor deje a un lado la PC, agarre una libreta, una pluma, salga, me sienta bajo un arbol y veré cómo la inspiración ilumina mi mente, puesto que la inspiración no es un don nato; solamente le dije que yo tengo que discrepar su opinión, pienso que cuando uno está inspirado no importa dónde escriba: en una hoja de papel, en un documento .doc, en una pared, en un blog; cuando uno está inspirado y quiere expresarse de manera escrita, pierde toda cognición sobre el desequilibrio que podría formar en la balanza de la razón, uno nada contra corriente, y lo que tiene a mano, sea con una maquina de escribir, un lapiz, un teclado o una pluma rota y espinada, incandecente con un fuego misterioso que hace sangrar los ojos con solo mirarlo y que te desgarra por dentro al sostenerla. De igual manera estoy seguro que cada quién se inspira de diferentes maneras, no porque Isaac Newton se haya sentado debajo de un arbol yo tengo que hacer lo mismo, después de todo no tengo intereses en el estudio de las fuerzas gravitacionales ni el magnetismo terraqueo. A pesar de eso, concuerdo con el desdichado hecho que nadie nace inspirado, la inspiración se gana, se obtiene incluso se crea; sin embargo la inspiración no es como la energía o como la hueva, la inspiración si se destruye y de una manera alarmantemente simple: es mucho más fácil perderla que adquirirla y creo que a muchos les vendrá el saco ¡adelate! el saco es a veces bueno, tal vez no para mi, pero para la conformidad si que lo es.
El barco de la locura
“Cuando todo el mundo está loco, estar cuerdo es una locura.”
- Paul Samuelson.
Mi niñez fue mi época de gamer de consola, tuve Super nintendo y posteriormente Nintendo 64. Desde temprana edad mi tia y mi abuela procuraban medir rigurósamente mi tiempo de juego: una hora, dos horas o si acaso 3. La razón de esto era según mi abuela para que no me volviera loco. Desgraciadamente un día al comentar ella “hay que estar loco para no darse cuenta que esa muñeca está gritando ‘chíngate, chíngate’ ¿¡que les enseñan a los niños en estos días!? puro insulto ¡puro insulto!”, solamente observó que mi reacción fue una risíta burlona (puesto que era evidente que Orchid de Killer Instict no decía ‘chíngate’ al lanzar su poder), se dio cuenta que me había perdido.
Me atrevo a asegurar que ese fue el suceso decisivo para que mi abuela aceptara mi locura y aprendiera a quererme así. Dudo mucho que otros sucesos menos relevantes (como cuando, para hacer un barco de guerra, robé todas las hojas de la impresora de matriz de puntos de mi tia y le arranqué las orillas para que amarrándolas formara el contorno de mi prometedor navío) hayan sido más trascendentes en la manera de verme de mi abuela.
Para ese entonces yo cursaba ya el tercer año de primaria y fue más o menos para esas fechas que comencé a notar que pensaba de una manera un poco diferente a los otros niños. Un día mi maestra Hilda dijo ante el grupo “la niñez es una época de cambios rápidos, mientras ustedes crecen 3 años, sus mamás envejece 30″, nunca entendí porqué todos mis compañeros se rieron siendo que yo llegué a mi casa y lo primero que hice fue pedirle perdón a mi mamá por hacerla más vieja. Mi madre decía que era debido a que no cursé un año del jardín de niños y estaba adelantado casi dos años escolares, sin embargo, yo sabía que mi madre estaba mal y la realidad era que todos mis compañeros eran insensibles y les daba gusto envejecer a sus mamás.
Muchos me dicen que de niño no estaba loco, solamente era increíblemente inocente, pero sepan queridos lectores, que la inocencia es una forma de locura y qué mejor ejemplo de esto que mi mismísima niñez de inocente locura.
El agua moja
“Las tardes laborales de mi niñéz” es como prefiero referirme a aquellas después de clase cuando cursaba los primeros años de la escuela primaria. Esto debido a que mi abuela siempre fue una persona bastante radical en su filosofía, la cual incluía la idea de no qudarse sin hacer nada por más de 20 minutos.
Nunca me sentí solo, creo que era demasiado despistado para pensar en la soledad, aparte que a mi primo lo llevaban a mi casa después de clase. Recuerdo que me quedaba mirando por la ventana esperando que llegara el transporte escolar que lo traía, siempre me pregunté porqué a él lo traía un transporte y yo regresaba a pie de mi escuela, más adelante me di cuenta que era por la misma razón que mis tennis decían “nice”.
Aquellas tardes comenzaban jugando con mi primo, peleandonos ocacionalmente y haciendo trueques con nuestros juguetes, sin embargo no pasaba mucho tiempo para que nuestra abuela interviniera, que es justamente la razón por la cual estas tardes eran una tortura para mi consentido yo, puesto que el hecho de barrer las hojas caidas en el cesped me parecía algo increíblemente injusto, tomando en cuenta que ya había sufrido mucho en la escuela resolviendo mis sumas y restas además de haber sido regañado al insistir que el himno nacional contenía la palabra “camión”.
No pasó mucho tiempo para que mi primo y yo utilizaramos nuestro ingenio para librarnos parte del peso. No se nos pudo haber ocurrido algo más genial : Salimos al patio, nos sentamos con las escobas agarradas y dejamos que el tiempo pase hechando la hueva, eso si, a los 20 minutos que sabíamos que llegaría la abuela, fuimos al grifo más cercano y nos empapamos la cara, la camisa, los brazos y las axilas con agua. Vaya ingenio que nos cargamos, puesto que al llegar la abuela nos vio con escobas en mano, sudados, cansados y con las hojas aún ahí. Menuda sorpresa nos llevamos cuando nos dijo “a mi no me engañan, estuvieron jugando pesca pesca”.
