¿Cuál?

Crónicas de una pluma rota

Archivo para Agosto 2008

Strange News From Another Star

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Diversión.

Vamos… ¿no podía elegír una palabra menos alegre para comenzar este texto? Mentira: La palabra diversión no es precisamente alegre, de hecho es una palabra oscura, incierta y sombría, tan engañosa como la mismísima serpiente del Eden (Génesis 2:16-17) y tan desabrida como la impetuosa corriente de unos rápidos.

Cuando queremos divertirnos es que demostramos nuestra innata creatividad, un ingenio del que hasta los más perdidos e idiotas gozan, un privilegio tan absoluto que quizá es inversamente proporcional al intelecto mismo. Uno puede encontrar la diversión en cualquier cosa, a tal grado que no se me ocurre un término tan subjetivo como este, de la manera en que uno guste conjugarlo se aplica el mismo plan: nadie se divierte de la misma manera. Incluso en actividades compartidas y con compartida diversión, se manifiesta de diferente manera en cada individuo e incluso de manera opuesta.

He de destacar mi potencial admiración hacia aquellas personas o intentos de persona que encuentran la diversión en cosas tan simples como es sentarse frente a la TV a las 7:30 pm y mirar videos caseros que resalten la desgracia de terceros con asuntos resumidos en caidas, golpes chuscos y actitudes de bebes relativas a las implicitas enseñanzas de su entorno; gente que encuentra la gracia a cada cosa que… vamos, mejor se compran una pelota y salen a rebotarla al parque. A pesar de todo, a nivel cultural-contemporaneo existen algunos standars de lo que las masas definen como divertido, vaya uno a saber ¿quizá el papa tiene una lista sobre lo que es divertido o no según la novena revelación? me cambio al Budismo, aunque ni soy cristiano/católico gracias a Dios [en el nombre del padre, del hijo y del espíritu santo †]. Cuando uno se pone a hablar de diversión, la mayoría termina pensando en hacer un deporte, jugar la consola, estar en el PC, pintar, viajar, ir a la playa, leer, ir al cine, salir con amigos y demás standars explayados incluso hasta al pasatiempo de ver sufrir a quienes uno odia y yo me muerdo la lengua. Es tan sagrado ese escrito papal que cuando uno se divierte sin mirar a los demás como inspiración, la gente empieza a clavarte una ferbiente mirada como si un extraño ser de otra estrella fueses, captas tanto la atención que por más ligero que sea tu excentricismo no te libras de un par de apodos nada amistosos en muchos casos, y precisamente es de esto que te vuelves un ser altruista sin buscar serlo: proporcionas diversión a todos aquellos dichosos que pueden reirse de ti al decirte “vaquero” y mirarte a la cara.

Sin embargo, hay un tipo de persona a la que admiro de manera absoluta: los ególatras. Ellos si son unos seres ejemplares, como de cuento de hadas o verdaderamente venido de otra estrella a traernos noticias sobre la grandeza de su raza. Cada vez que me topo con uno de esos especímenes, ganas no me faltan de sacar una libreta y anotar cada movimiento que hacen para luego anexarla a mis expedientes secretos Y. Es tan increíble su mundo, su manera de ver las cosas, ellos SI saben divertirse por el simple hecho que se sienten superiores a todos y por si fuera poco, su diversión es la inferioridad de los demás terrícolas/mortales, son esas personas que miran la revista Men’s Health y dicen “¡Ja! si apenas se le notan los triceps” ¡vaya! que me digan de cuál fumaron mínimo, me gustaría poder andar en la calle sintiéndome el dueño del mundo también, no me haría mal aunque sea un solo día poder traer noticias extrañas desde otra estrella.

Escrito por Ianiav

Agosto 15, 2008 a 6:41 am

Escrito en Cállate y lee

El dulce timo

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La recompensa prometida es un mero motivador imaginario.

Hay de promesas a promesas, y si de promesas hablamos, creanme, de hipocrecía también. Sin restarle importancia por su finalidad, una promesa es una promesa después de todo y eso quiere decir un bien venidero, hablamos de motivo, causa y estímulo. Esto mismo hace que una promesa sea prácticamente un chantaje, una extorsión e incluso un timo, prometer es coaccionar y ser manipulador, es rebajarte al arte del engaño, en el mejor de los casos es la simple manifestación de una independencia magra y pútrida o bien un impetuoso afán por alimentar la sombra de la ondeante bandera de elitismo que llevamos dentro.

¿Es acaso malo un elitismo tan aparentemente armónico como este? Regresando al tema de las promesas, cabe mencionar que la intención de una promesa varía en el efecto esperado, sea simple o complejamente hablando, el que promete espera algo a cambio, dado que la recompensa es la razón y la consecuencia la condición. Decimos que es elitista ya que el que promete se encasilla de entrada uno o varios niveles arriba del condicionado, pretende demostrar la posesión y el control del asunto en si; su naturaleza misma infiere a decir “tengo algo que tu necesitas” declarando el dominio circunstancial que propicia al chantaje mismo.

Capitulo IV – The Cake Is A Lie

Viajemos a principios de los años 90s, aquella tarde cumpleañera si de algún familiar cuya identidad no recuerdo certeramente hablamos (dato que carece de relevancia en cuanto al tema respecta), globos por doquier, música infantil pseudo-electrónica, “trago” coca-colescamente hablando, mesas rentadas y por supuesto, el show.

Mi tio Eduardo siempre ha tenido ese espíritu altruista que lo compromete inconcientemente al apoyo monetario indiscriminativo, así que las fiestas infantiles de la familia solían ser eventos con payasos, botargas y/o actores cosplayer-like imitando al superheroe de moda. Sin embargo esa fiesta fue algo diferente… ya que el show constó de nada menos que los Power Rangers versión loli-shota. Esto trajo como consecuencia un pequeño shock escepticista ante los impresionables ojos de los niños bebedores de coca que rondaban la zona. Francamente perdí las ganas de quedarme mirando tan atróz escena, por lo que comencé a quitarme del lugar para que MUY a mi pesar me tomara mi madre de la mano y me mandara sentarme de nuevo. Tras mi incontrolable rebeldía caprichosa, sacó sus artimañosas garras solamente para mostrar sus dotes chantajistas ofreciéndome más pastel del que tal vez merecía, oferta super efectiva para mi paladar y suficientemente capaz de mantener mi trasero en aquella silla anaranjada. Apesar de eso he de destacar que los Power Ranger Jr. parecían ya acostumbrados a esa reacción pública e incluso casi se podía ver dibujarse una sonrisa de realización a través de la máscara por lo que les esperaba a nuestras perdidas mentes como público escéptico. Evidentemente el show dependía del factor sopresa y bastaron un par de minutos para que el presentador boceara el anuncio a modo de favor para que el púbiico guarde silencio, cosa que no se cumplió tan fácil como tal vez uno espera. Apesar de eso los Power Ranger Jr. comenzaron con su increíblemente complicado e impresionante acto: una serie de movimientos entre patadas, golpes, codazos y qué se yo… una estupenda sincronía si nos fijamos de su edad. Yo creo que esta última característica fue la que ocacionó que las voces cesaran y todo ruido fuera absorbido por la imponente música rockera emitida por aquellas enormes bocinas cuya finalidad sospecho siempre fue provocarme sordera prematura. Entonces fue cuando no tuve de otra que prestar atención al acto, cosa que vino para bien, ya que lo encontré particularmente entretenido, me sorprendí al principio dejandome llevar por el aire de alucine que se respiraba, sin embargo solamente fue un instante para percatarme que curiósamente podía leer sus movimientos, sabía qué seguía, y luego, y luego también… era muy raro, tal vez por un momento creí tener un super poder o algo, pero vaya decepción doble la que me llevé al darme cuenta de la simpleza del asunto: no, yo no tenía super poderes y tampoco estaba leyendo sus movimientos, era solo que en verdad sabía qué seguiría, y olvídense de los Deja Vu, mis años de clases de Tae Kwon Do sirvieron po fin de algo: simplemente estaban haciendo algo que en Tae Kwon Do llaman “Kicho 1″ y viene siendo algo así como una tabla gimnástica Tae Kwon Doesca, pero no cualquiera… la más sencilla, la primera en aprenderse, la que de entrada uno relaciona al termino newbie. Por supuesto no me pude quedar con las ganas de reclamar algo y en este caso fue mi desilución elevada al cubo, para lo que no encontré mejor desahogo que llamar a mi primo quien estaba al lado opuesto del “escenario” por lo que tuvimos que entablar a todo pulmón una conversación despavilante parecida a esta:

H: ¡Augustoooo!

A: ¿¡Quéeeeee!?

H: ¿¡Ya visteeeee!?

A: ¿¡Qué cosaaaaa!?

H: ¡Es el Kicho 1!

*Augusto mira a los niños unos segundos para luego regresar la mirada a su primo*

A: Ah…. es el Kicho 1…

Cargándo esta última frase con todo el desánimo tendiende al infinito mismo. Luego de esto pudimos observar aquella desquiciada expresión de despresio y casi sed de sangre con la que nos miraba el presentador, puesto que varios niños quedaron en status WTF al ver que nos levantemos como si el show fuese alguna claudicación macabra que anunciara a gritos “devuélvanme mi dinero”. Apesar de eso opté por sentarme de nuevo pensando en aquel sabor dulce del postre doble que me tocaría.

[No está de más mencionar que desde aquel momento he utilizado (y mi primo en cierta también) la expresión "Ah... kicho 1" cuando algo no cumple mis espectativas]

De buenas a primeras, tras la última patada sincrónica el show terminó, la música paró y el lugar fue invadido de nuevo por el ya entonces nostálgico ruido vociferante protagonizado por los bebedores de coca. Pasó el tiempo y llegó la hora esperada y anhelada, el momento de la verdad, el climax: el pastel. Al ver mi rebanada servida la comí apresuradamente pensando que podría tener hasta quizá más no poder y planteándome la posibilidad de vomitar para servirme más y etcéteras de la imaginación de un niño loco.
Sin embargo al terminar mi porción y llegar ilusionado para reclamar mi extra, lo único que obtuve fue una sonrisa mitigadora por parte de mi madre y tres frías palabras:

No queda pastel.

Escrito por Ianiav

Agosto 1, 2008 a 9:20 am

Escrito en Cállate y lee