¿Cuál?

Crónicas de una pluma rota

El agua moja

con 9 comentarios

“Las tardes laborales de mi niñéz” es como prefiero referirme a aquellas después de clase cuando cursaba los primeros años de la escuela primaria. Esto debido a que mi abuela siempre fue una persona bastante radical en su filosofía, la cual incluía la idea de no qudarse sin hacer nada por más de 20 minutos.

Nunca me sentí solo, creo que era demasiado despistado para pensar en la soledad, aparte que a mi primo lo llevaban a mi casa después de clase. Recuerdo que me quedaba mirando por la ventana esperando que llegara el transporte escolar que lo traía, siempre me pregunté porqué a él lo traía un transporte y yo regresaba a pie de mi escuela, más adelante me di cuenta que era por la misma razón que mis tennis decían “nice”.

Aquellas tardes comenzaban jugando con mi primo, peleandonos ocacionalmente y haciendo trueques con nuestros juguetes, sin embargo no pasaba mucho tiempo para que nuestra abuela interviniera, que es justamente la razón por la cual estas tardes eran una tortura para mi consentido yo, puesto que el hecho de barrer las hojas caidas en el cesped me parecía algo increíblemente injusto, tomando en cuenta que ya había sufrido mucho en la escuela resolviendo mis sumas y restas además de haber sido regañado al insistir que el himno nacional contenía la palabra “camión”.

No pasó mucho tiempo para que mi primo y yo utilizaramos nuestro ingenio para librarnos parte del peso. No se nos pudo haber ocurrido algo más genial : Salimos al patio, nos sentamos con las escobas agarradas y dejamos que el tiempo pase hechando la hueva, eso si, a los 20 minutos que sabíamos que llegaría la abuela, fuimos al grifo más cercano y nos empapamos la cara, la camisa, los brazos y las axilas con agua. Vaya ingenio que nos cargamos, puesto que al llegar la abuela nos vio con escobas en mano, sudados, cansados y con las hojas aún ahí. Menuda sorpresa nos llevamos cuando nos dijo “a mi no me engañan, estuvieron jugando pesca pesca”.

Escrito por Ianiav

Julio 3, 2008 a 7:45 am

Escrito en Cállate y lee